Cuando las responsabilidades van ocupando el espacio de las cosas que nos gustan.

Hace tiempo que no escribía por aquí.
Y mira que me gusta hacerlo. Pero entre el trabajo, las responsabilidades, las cosas de casa y todo lo que va surgiendo, siempre encontraba algo que hacer antes que sentarme tranquilamente a escribir.
Y estos días, pensando en ello, me he dado cuenta de algo.
A veces me pasa lo mismo con otras cosas que antes me apetecía hacer.
No es que hayan dejado de gustarme. Es que, casi sin darme cuenta, las voy dejando para después.
«Cuando tenga un rato».
«Cuando termine esto».
«La semana que viene, que iré más tranquila».
¿Te suena?
Y lo curioso es que, cuando por fin llega ese rato libre, a veces ni siquiera sabes qué te apetece hacer.
Te quedas en casa, haces alguna cosa pendiente, miras el móvil… y se te pasa la tarde.
Precisamente por eso me apetecía volver a escribir.
Porque creo que esto nos pasa a más personas de las que imaginamos. Y porque practicar mindfulness no significa que vivamos siempre conectadas con nosotras mismas.
A mí también se me pone en marcha el piloto automático.
La diferencia es que ahora tengo herramientas que me ayudan a darme cuenta y a volver al momento presente.
Y de eso me gustaría hablarte hoy.
¿En qué momento dejamos para después lo que nos gusta?
No suele ocurrir de un día para otro.
Un día cancelas un plan porque estás cansada. Otro decides no empezar aquella actividad porque tienes demasiadas cosas pendientes. Y otro piensas que ya encontrarás un momento mejor.
Son decisiones pequeñas que, por separado, tienen todo el sentido.
Pero cuando se repiten durante mucho tiempo, podemos acostumbrarnos a organizar nuestros días únicamente alrededor de lo que tenemos que hacer.
Y entonces sucede algo curioso.
Sabemos perfectamente qué necesita nuestra familia, qué tenemos pendiente en el trabajo o qué hay que resolver mañana.
Pero si alguien nos pregunta «¿Y a ti qué te apetece?», quizá nos cueste encontrar una respuesta.
No significa necesariamente que hayamos perdido la ilusión.
A veces estamos cansadas. Otras, nuestros intereses han cambiado. Y en ocasiones necesitamos descubrir qué nos apetece en esta etapa de nuestra vida.
No siempre necesitamos recuperar lo que hacíamos antes. Quizá necesitamos descubrir qué nos hace bien ahora.
El piloto automático también aparece en las pequeñas decisiones
Imagina que llevas toda la semana pensando en salir a caminar el sábado.
Llega el momento y aparece ese pensamiento:
«Uf, qué pereza. Mejor me quedo en casa».
Y sin pensarlo demasiado, enciendes la televisión o coges el móvil.
¿Significa que deberías haberte obligado a salir?
No.
Quizá necesitabas descansar.
Pero también puede que hayas reaccionado por costumbre, sin detenerte a comprobar qué necesitabas realmente.
Ahí es donde el mindfulness puede ayudarnos.
No se trata de hacer siempre lo que nos habíamos propuesto ni de llenar nuestro tiempo libre con actividades.
Se trata de aprender a reconocer nuestros pensamientos, emociones y necesidades antes de decidir.
Porque una cosa es elegir descansar y otra muy distinta es terminar el día sin saber muy bien en qué se nos ha ido el tiempo.
La atención plena no consiste en aprovechar cada minuto, sino en estar presentes en las decisiones que tomamos.
Te propongo algo: siete días para volver a escucharte
No quiero que termines de leer este artículo pensando únicamente que deberías dedicarte más tiempo.
Eso sería añadir otra exigencia a tu lista.
Prefiero proponerte un pequeño experimento.
Durante los próximos siete días, reserva diez minutos para una actividad que elijas tú.
Puede ser escuchar música, leer, pasear, dibujar, tomar un café tranquilamente o recuperar algo que hace tiempo que no haces.
No importa qué elijas. Lo importante es que no sea una obligación.
Antes de empezar, haz una pequeña pausa y pregúntate:
«¿Cómo estoy ahora y qué necesito?»
Cuando termines, vuelve a observarte:
«¿Cómo me encuentro después? ¿Ha habido algo que haya disfrutado?»
Si te apetece, anota una frase en una libreta.
No tienes que sentirte mejor cada día ni conseguir que todas las actividades te gusten.
Quizá descubras que necesitas descansar más, que echas de menos compartir tiempo con alguien o que hay algo nuevo que te gustaría probar.
Y si algún día no encuentras esos diez minutos, tampoco pasa nada. No se trata de hacerlo perfectamente.
Al terminar la semana, revisa lo que has anotado y elige una pequeña actividad que quieras repetir.
Esa será tu siguiente práctica.
¿Y si no es solo falta de tiempo?
Hay algo que considero importante aclarar.
No es lo mismo ir dejando nuestras aficiones para después que sentir que ya no disfrutamos de prácticamente nada.
Si llevas semanas sin interés por actividades que antes te gustaban, notas tristeza persistente, agotamiento intenso o cambios importantes en el sueño o en tu estado de ánimo, conviene consultar con un profesional sanitario.
La pérdida de interés puede tener distintas causas, físicas o psicológicas, que merecen una valoración adecuada.
El mindfulness puede ayudarnos a desarrollar atención y consciencia, pero no sustituye la atención médica o psicológica cuando es necesaria.
Hoy he decidido volver a escribir
Y fíjate, mientras preparaba este artículo, he pensado que escribirlo también era una manera de llevar a la práctica lo que quería compartir.
Podría haber seguido esperando a tener una tarde tranquila, a terminar todos mis pendientes o a encontrar el momento perfecto.
Pero hoy he decidido dedicar este rato a algo que me gusta.
No he cambiado mi vida ni he resuelto todas mis responsabilidades.
Simplemente he recuperado un pequeño espacio para mí.
Y quizá eso sea suficiente para empezar.
Me gustaría que tú también te hicieras una pregunta:
«¿Qué llevo tiempo dejando para después que me gustaría recuperar?»
No hace falta que sea algo grande.
Piensa en una cosa concreta y busca un momento esta semana para hacerle un hueco.
Porque a veces no necesitamos hacer más cosas.
Necesitamos recordar que, entre todas las cosas que hacemos, también podemos elegir algunas para nosotras.
Un espacio para ti en Carmen Siente Vive
A veces nos damos cuenta de que necesitamos cuidarnos más, pero nos cuesta encontrar por dónde empezar.
Quizá nos resulta difícil poner límites, reconocer nuestras necesidades o dejar de sentir culpa cuando dedicamos tiempo a nosotras mismas.
En Carmen Siente Vive acompaño a personas que desean conocerse mejor y aprender a gestionar sus emociones a través del mindfulness y herramientas de bienestar emocional.
En las sesiones individuales trabajamos con situaciones de tu vida cotidiana, para que puedas incorporar pequeños cambios de manera consciente, respetando tu ritmo y tus circunstancias.
Si sientes que necesitas ese espacio de acompañamiento, puedes conocer mis propuestas en el apartado «A tu medida» de Carmen Siente Vive.
Y ahora me encantará leerte:
¿Qué es eso que te gusta y que llevas demasiado tiempo dejando para después?
