A veces pensamos que para practicar mindfulness hace falta silencio total, un cojín especial o mucho tiempo libre. La verdad es que no. El mindfulness empieza en lo sencillo, en lo cotidiano, en esos pequeños gestos que nos recuerdan que estamos aquí.
-
Para un momento:
Lo primero es tan simple como detenerte y respirar. Nota cómo entra y sale el aire, cómo se apoyan tus pies en el suelo, cómo descansa tu cuerpo en la silla. Ese instante ya es práctica.
-
Hazlo parte de tu día
No necesitas una hora cada día. Puedes practicar mientras caminas, te duchas, cocinas o esperas en una cola. La clave es: haz una cosa a la vez, con toda tu atención.
-
Deja que la mente haga lo suyo
Los pensamientos van a aparecer, claro. No intentes echarlos. Solo obsérvalos y vuelve a tu ancla: la respiración, un sonido, una sensación del cuerpo. Una y otra vez.
-
Constancia antes que perfección
No se trata de hacerlo bien o mal. Se trata de volver, una y otra vez. Cinco minutos cada día pueden cambiar más que una hora de vez en cuando.
-
Busca compañía
Practicar sola está bien, pero hacerlo en grupo te anima, te sostiene y te da perspectiva. Compartir el camino también es parte del camino.
Mini práctica: 3 minutos para volver al presente
l) Siéntate de manera cómoda. Apoya los pies, suelta los hombros.
ll) Respira tres veces, despacio, notando el aire entrar y salir.
lll) Elige una sensación física: el contacto de tus manos, la temperatura, el peso del cuerpo. Quédate ahí unos segundos.
lV) Deja que aparezcan pensamientos. Solo míralos pasar y vuelve a tu sensación.
V) Haz una última respiración profunda. Abre los ojos despacio y nota cómo estás ahora.
Esto es mindfulness. No es dejar la mente en blanco ni cambiar quién eres. Es darte cuenta, volver y estar presente, aunque sea solo un momento.
